Era el último ejemplar del parque jurásico stalinista. Kim II Sung, "sol de la nación", "genio de la Humanidad", "centro glorioso del partido", "héroe de la revolución", "respetado y bienamado líder" y "padre" de lo que los tratados de ciencia política han dado en llamar "comunismo dinástico", quedará en la historia del siglo XX como el objeto del más escandaloso, desmedido y ridículo culto a la personalidad y como el símbolo por excelencia de la autocracia y de la dictadura comunista. Su muerte ha sembrado la incertidumbre en Extremo Oriente, donde nadie se fía de su hijo y heredero designado, Kim Jong-II, y de la potencial amenaza nuclear que representa Corea del Norte, el país más cerrado y opaco del mundo.
© 2001-2026 Fundación Dialnet · Todos los derechos reservados