Es bastante notorio que el capitalismo de consumo tiene connotaciones religiosas. Las marcas, y la publicidad que las visualiza, generan un relato multiabarcante, son el proveedor más importante de historias en la actualidad. Es por ello que nos representan la realidad, generan las necesidades existenciales y cultivan la identidad personal del conjunto de la población, aparentemente secularizada. A la vez, las religiones tradicionales y, en concreto, el cristianismo, evolucionan hacia una versión más emocional de las mismas, como se observa en el mundo neopentecostal y en las megaiglesias, el paradigma de la tendencia mercantilista del cristianismo. Al denostarse las racionalidades explicativas de significado, las diferentes confesiones religiosas abren su mentalidad a la lógica proveniente de la publicidad y el espectáculo de masas. Como resultado, la religión pasa a ser uno más de los productos de consumo que hay a su alrededor, adaptándose a las modas y a la cosmovisión imperante.
It is quite noticeable that consumer capitalism has religious connotations. Brands, and the advertising that displays them, generate a multi-encompassing story, they are the most important provider of stories today. That is why they represent reality, generate existential needs and cultivate the personal identity of the entire population, apparently secularized. At the same time, traditional religions and, specifically, Christianity, evolve towards a more emotional version of them, as observed in the neopentecostal world and in megachurches, the paradigm of the mercantilist tendency of Christianity. By reviling the explanatory rationalities of meaning, the different religious confessions open their mentality to the logic coming from advertising and mass spectacle. As a result, religion becomes one of the consumer products around it, adapting to fashions and the prevailing worldview.
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