El científico nunca debe ocultar lo que ve. Debe huir, por tanto, de aquello que visionarios, demagogos o interesados, indican que se contempla. Su papel es el antipático de señalar, como en el viejo apólogo del Libro de Petronio, de Don Juan Manuel, que el rey va desnudo. El esclavo que se atrevió a denunciar lo que sucedía, fue un científico sin saberlo.
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