La Unión Soviética fue el origen de sagas emblemáticas de aeronaves. De las mesas de diseño de MikoyánGurévich (MiG), Sukhoi, Túpolev, Antónov, Yákovlev, Iliushin, Kámov o Mil salieron decenas de modelos que fueron fabricados por cientos, incluso por miles. Eran el contrapeso de los aparatos estadounidenses en los cielos de Rusia y en los de sus países aliados del Pacto de Varsovia. También en los de aquellas naciones que querían productos fiables a precios razonables o que no podían acceder a las aeronaves occidentales por precio o diferencias políticas. La caída del muro de Berlín supuso para estas compañías rusas un duro ocaso industrial y un desplome tecnológico. En este 2012 el escenario es algo diferente y la salud de estas empresas bastante mejor. Además de celebrar su centenario, o los 35 años del primer vuelo del MiG-29, la fuerza aérea de Rusia puede jactarse en este 2012 de ser la segunda más grande del mundo por detrás de la USAF de estados unidos y por delante de la fuerza aérea de la Republica Popular China. Con Putin de nuevo al frente del kremlin el reto ahora es el 2020.
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