A pesar de sus casi diez años de servicio bajo el mando de César en Galia, tras el paso del Rubicón y el consecuente estallido de la guerra civil, Labieno cambió súbitamente de bando y decidió ponerse a las órdenes de Pompeyo. En palabras de Frank F. Abbott, Labieno “fue no solo el lugarteniente de César sino también su más acérrimo antagonista”.
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