Las guerras civiles suelen caracterizarse por una especial ferocidad y por la abundancia de situaciones aún más trágicas de lo habitual en una guerra. La comunidad de lengua y costumbres, la separación muchas veces de familias arrojadas a bandos opuestos por elección o por el destino, suele llevar sentimientos intensos aún más a flor de piel si cabe que en un conflicto con enemigos a los que es más fácil deshumanizar. La campaña y batalla de Munda son perfecto ejemplo de esa ferocidad creciente característica de las guerras civiles.
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