Este artículo provee una respuesta etnográfica a la afirmación de que la soja mata, una frase comúnmente usada por militantes campesinos que viven en la frontera de la soja en Paraguay, la cual está en rápida expansión. En el contexto de los proyectos de modernización de Paraguay, desde los años sesenta en adelante, argumentos como éste fueron fácilmente descalificados como irracionales o no modernos. En este proceso, la importancia política y el potencial analítico de los granos fueron desechados, al igual que la vida y los análisis de los militantes rurales. A pesar de esto, los militantes con quienes trabajé lograron librar batallas judiciales para poner a la soja que mata ante los tribunales y lograr que esta fuese reconocida como una fuerza política en Paraguay. Al hacer esto, también abrieron una posición analítica para la etnografía –aliada a la cosmopolítica de Isabel Stengers– que emerge de una situación de respuestas mutuamente suscitadas, más que de relaciones entre seres incluidos o excluidos del territorio político a través del criterio de la modernidad.
© 2001-2026 Fundación Dialnet · Todos los derechos reservados