El presente artículo interroga el legado de las vanguardias como fenómeno político-cultural, a partir de una serie de obras del artista peruano Javi Vargas, que conectan la injuria queer como dispositivo de animalización con distintas formas de violencia cisheterosexual que han atravesado la historia peruana. Retomando la noción de historia como catástrofe de Pablo Oyarzún, así como las tesis arqueoastronómicas del arquitecto Carlos Milla Villena sobre la cosmología andina y la literatura de José Miguel Arguedas que Javi Vargas metaboliza en sus obras, el presente texto interroga los modos en que su trabajo artístico recodifica la relación trauma y temporalidad, descentrando la categoría moderna de vanguardia, desintegrando sus códigos para reorganizarlos desde sus bordes sexualizados. Estas operaciones permiten atisbar una noción espiralada del tiempo que excede la oposición de lo lineal y lo circular, y que encuentra en los sueños una extensión de lo cotidiano en tanto lugar epistemológico y vía de regeneración somática y política.
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