Situadas entre la amable diplomacia de salón y la categórica declaración de guerra, las sanciones internacionales son un mecanismo de presión para limitar las acciones ilegítimas de determinados estados o regímenes. Aunque teóricamente funcionan mejor como amenaza, lo que se ha demostrado como evidente es que son más creíbles si están firmemente respaldadas por la diplomacia y la fuerza militar. Pensadas para ser un mecanismo limitado y temporal, sus efectos son impredecibles y sus resultados dispares. El último ejemplo de su aplicación lo tenemos en la crisis de Ucrania.
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