Con los ambientes naturales del planeta reduciéndose y los sistemas nacionales de áreas protegidas en expansión como estrategia internacional para impedirlo, los consensos internacionales avanzan pretendiendo un ambicioso modelo de proporción 70/30 entre zonas bajo predominio del desarrollo humano y zonas más conservadas. Para interpretar el proceso en Argentina se analizó la ejecución presupuestaria de su sistema nacional entre 1999 y 2018 como expresión de sus políticas reales, limitaciones y tendencias. Pese a objetivos insistentemente declamados los datos muestran que han declinado inversiones y proyectos de conservación. Sin mejorar infraestructura, innovar en la gestión y valorizar prudentemente los atractivos turísticos, dominan los enfoques de corto plazo. Designar nuevas áreas sin financiamiento y operación adecuados, no asegura beneficios para la biodiversidad y las comunidades humanas locales. Esta debilidad posiblemente se replique en los sistemas subnacionales y en otros países de Latinoamérica.
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