No podemos vivir sin él. Aunque lo maldecimos a diario, y no lo apreciamos hasta que nos falta, seríamos incapaces de renunciar al coche. Pero la verdad es que sale por un riñón. Un estudio sobre los costes de compra y mantenimiento a cinco años -vida media de un automóvil- demuestra que con lo que pagamos por él, aunque se trate de un utilitario, podríamos utilizar al mes entre 75 y 100 taxis con recorridos de 500 pesetas o subirnos unas 1.000 veces a un autobús o un metro. Hacienda ha convertido el automóvil en su piedra filosofal de la fiscalidad, a cuyo conjuro desaparecen los más empedernidos déficit presupuestarios. No arriesga nada a cambio, pero es la que se lleva la gran tajada.
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