Los españoles somos dados a explicar las cosas por una interpretación muy personal de la historia. Hubo un tiempo en que definíamos a los países con una sola frase. Los ingleses, por ejemplo, eran unos ladrones, a imagen y semejanza del pirata Drake. Los franceses eran todos unos cornudos, por mor de que el teatro francés había inventado el amante en el armario de la habitación matrimonial. Los italianos, los pobres, eran unos cobardes de tomo y lomo después de lo que pasó en Guadalajara. Nuestra injusticia también nos afecta. De golpe y porrazo un pueblo español carga con un sambenito, y se le atribuye fama de bruto, inculto o de tonto de capirote. Hemos escogido tres localidades marcadas por este estigma: una del norte, Babia; otra del sur, Lepe, y una tercera del centro, Tomelloso.
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