La profunda emoción que se siente al entrar en cualquier lugar de culto intemporal –una sinagoga, una iglesia o un templo budista– se debe a los patrones espaciales que los generaron. Estos patrones reflejan las formas innatas cuya impronta está grabada en nuestras mentes desde el inicio y que, por lo tanto, son comunes a todos nosotros como seres humanos de cualquier cultura. Al proyectar la Sinagoga Central Sefardí de Maimónides, intenté captar la exaltación espiritual atemporal que se experimenta en los lugares de culto donde Maimónides oraba, como la Sinagoga Iben Denan en Fez (Marruecos) o la Sinagoga Ben-Ezra en El Cairo (Egipto), y recuperar los modelos tradicionales basados en la Halajá de Maimónides, las leyes que recogió en su libro Hayad Hahazaka, tal como me fueron transmitidos en las sinagogas de Safed, ciudad santa de la cábala en Galilea, cuna de la corriente mística del judaísmo y ciudad natal de mi familia desde principios del siglo XIX.
The deep emotion we feel when entering any timeless place of worship—a synagogue, a church, or a Buddhist temple—stems from the patterns of space that generated them. These are patterns that reflect the innate patterns printed in our minds from the outset and that are thus common to us all as human beings of any culture or religion. In designing the Maimonides Central Sephardic Synagogue I endeavored to capture the timeless spiritual exaltation one experiences in the places of worship where Maimonides prayed, such as the Iben Denan Synagogue in Fez, Morocco or the Ben-Ezra Synagogue in Cairo, Egypt, and to revive the traditional patterns based on Maimonides’ halachic rulings—the laws he set down in his book Hayad Hahazaka, as passed on to me in the synagogues of Tzfat, the holy Kabbalah city of Galilee, birthplace of Judaism’s mystical strand, and hometown of my family since the early nineteenth century.
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