La crisis de credibilidad del Gobierno socialista se acercó la semana pasada aún más al presidente Felipe González, con la puesta en cuestión del vicepresidente Narcís Serra. Después de más de dos semanas de la fuga de Luis Roldán, el presidente no ofreció al Congreso otra cosa que el mantenimiento del apoyo de los nacionalistas catalanes y vascos -a un precio todavía no revelado-, la extraordinaria dureza procesal contra Mariano Rubio y Manuel de la Concha y la remisión a próximas convocatorias electorales. Todas las encuestas conocidas sobre las europeas, incluida la del propio PSOE, aseguran una victoria significativa del Partido Popular.
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