El mes de abril zarandea con reciedumbre a nuestra economía. Recemos para que, imitando las encinas que tanto sentido dan a nuestros paisajes, sus raíces sean tan largas que su descuaje resulte difícil. Pero, a la fuerza, el temporal que se abate sobre nosotros, dejará más de una rama tronchada. Conviene puntualizar por qué la preocupación ha de centrarse en relación con el Banco de España.
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