"¡Profesor, está suspendido!" Esta frase empieza ya a escucharse en aulas y pasillos, y denota el parecer de los universitarios españoles sobre la calidad de la enseñanza que reciben. La evaluación de los profesores por parte del alumnado, ya institucionalizada en la Universidad Central de Barcelona y en la Autónoma de Madrid, empieza a realizarse, por iniciativa de los propios estudiantes, en algunas facultades madrileñas de la Complutense, como Historia y Bellas Artes, y en otras pertenecientes al resto de España. Nombres tan conocidos como el del historiador Vicente Palacio Atard han resultado suspendidos. En Bellas Artes, la decana, Rosa Garcerán Piqueras, también ha sido "cateada" por sus alumnos.
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