Dice que todavía le quedan muchos años "en esto de los toros". Acaba de cumplir los veinticinco y, según los entendidos, atraviesa una de las épocas más brillantes de su vida profesional. Es, sin lugar a dudas, el torero que mejor ejecuta la suerte de matar, aunque en los últimos tiempos se prodiga más con el capote y -¡paradojas del destino!- se encuentra literalmente entre la espada y la pared. Por segunda temporada consecutiva, Joselito no acude a la feria de San Isidro. La falta de entendimiento entre su apoderado y los empresarios de Las Ventas le ha birlado, una vez más, la posibilidad de soñar con el triunfo más apetecido: el de entusiasmar a la afición de su pueblo, Madrid.
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