Desde el punto de vista marxista, el trabajo y la capacidad de comunicación avanzada son los dos aspectos más importantes del ser humano como ser social. El trabajo social es imposible sin una comunicación humana avanzada, interpersonal, que incluya la capacidad de utilizar herramientas lingüísticas estructuradas, de formar conceptos y de desarrollar la conciencia. Como materialistas, sabemos que la capacidad de comunicarnos de forma más que rudimentaria –la que también tienen los animales– se basa en la necesidad de la producción social para ganarse la vida. La conexión inextricable entre el trabajo y la comunicación lleva, entre otras cosas, a que “simplemente no podemos eludir el hecho de que todo lo que hace actuar a los hombres debe encontrar su camino a través de sus cerebros, incluso comer y beber, que comienza como consecuencia de la sensación de hambre o sed transmitida por el cerebro, y termina como resultado de la sensación de saciedad igualmente transmitida por el cerebro.
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