No había hecho más que asomar la cabeza. Ya lo contábamos en estas mismas páginas, quince días atrás. Tras dos años de prudente reserva, a la amable sombra del despacho oficial de asesor en el Banco de España, Mariano Rubio empezaba a estirar el cuello sobre el nuevo paisaje financiero y a desplegar sus adormecidas alas sobre la tierra quemada de Banesto, sobre la tierra candente del Hispano, sobre los verdes pastos del Grupo March. Y cuando ya se atisbaba una tímida resurrección del ex gobernador, una discreta -con él- reubicación de los otrora famosos miembros de la "beatiful", una granada de mano vino a abortar su vuelo...
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