Acaba de cumplir cincuenta años, pero sigue teniendo cara y pinta de chico de pandilla. Si fuera francés, sería una gloria nacional, porque de sus ocho películas como director, una se llevó un Oscar y otras tres estuvieron nominadas. Aquí sigue siendo un joven realizador que a golpe de riesgo y aventura intenta hacer el cine que le gusta. No se queja, siente la misma emoción que el primer día y estrena el mes que viene Canción de Cuna, su primera obra basada en una historia ajena y en la que se juega el todo por el todo.
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