En el presente trabajo se propuso estudiar el caso de la Cajeta de Sayula (Martínez Carazo, 2011; George y Bennet, 2004; Coller, 2000; Stake, 1999), una forma híbrida entre artesanía y patrimonio cultural intangible alimentario. Desde la perspectiva de la gestión de la cultura (Hernández, 2019; Mariscal, 2019) se buscó, a través de las características del entorno, explicar a través de modelos cómo se han desarrollado las empresas familiares y cómo han pasado de las mesas a convertirse en un fuerte componente cultural de la identidad sayulense, compartido principalmente con la metalistería, el carnaval y la famosa Ánima de Sayula. El entorno de la cajeta está construido en el sur de Jalisco, México, un territorio pródigo en recursos naturales que ha gestado otros patrimonios culturales intangibles alimentarios que dan vida a los procesos de identidad locales, como la palanqueta de nuez, en Zapotlán el grande, las conservas de Mazamitla, la cuaxala de Tuxpan, el piloncillo de Tamazula, entre otros. Si bien el territorio comparte una historia en común transitada por el Camino Real de Colima, las vías del tren, la autopista Guadalajara- Manzanillo, y sacudida por los temblores y el Volcán el Colima ha sido “difícil consolidar una identidad regional” (Macías, 2007, p. 1026).
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