La salida a la luz del caso Errejón es demoledora para el proyecto Sumar, en particular, y para la izquierda en general. La revelación de actitudes personales impresentables siempre castiga más a la izquierda, tanto en los casos de corrupción económica como en los de comportamientos machistas. Básicamente porque muestran una disonancia total entre lo que defiende su proyecto político ―la defensa del bien común, el feminismo, el igualitarismo― y el comportamiento real de sus líderes. La derecha nunca ha impugnado en serio el patriarcado, y defiende la búsqueda del lucro como una actitud positiva; sus corruptelas son fácilmente perdonadas por su electorado. Para una organización de izquierdas, el impacto es mucho mayor porque no sólo refleja la existencia de líderes incongruentes, sino que implican al conjunto de la organización que ha tenido un fallo de selección y control de sus líderes.
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