Después de veintidós meses de sangre y destrucción, de miles de muertos, de la dramática, lenta y prolongada agonía de millones de seres y de no pocas vacilaciones antes de vencer el miedo a caer en la trampa de un nuevo Vietnam, la OTAN se ha decidido a intervenir en Bosnia para intentar romper el cerco de Sarajevo, la ciudad que, día a día, tumba a tumba, ha inscrito su nombre en el poco honroso ranking del martirologio humano. Lo cierto es que las dudas están más que justificadas. La decisión de bombardear a la artillería pesada serbia puede desencadenar una espiral bélica de imprevisibles consecuencias y, en el peor de los casos, degenerar en un conflicto generalizado en los Balcanes, gérmen histórico de las grandes guerras europeas.
© 2001-2026 Fundación Dialnet · Todos los derechos reservados