No sé si es del todo cierta la frase que asegura que detrás de cada gran hombre hay una gran mujer. Lo que sí parece verdadero es que alrededor de los grandes hombres viejos suele haber una mujer mucho más joven que ellos, una especie de activa espigadora de frutos tardíos que aplica y apura los restos de una vida. No se trata de hacer el papel de la sunamita con el rey David, aunque algo de eso habrá, sin duda, sino de, a la sombra de un prestigio sólido o una sólida situación, cobijarse y aprestarse a disfrutar unos días de vino y rosas.
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