Alimentar, vestir, criar, cuidar, enseñar, sanar son acciones cotidianas en las poblaciones humanas que, sin embargo, no suelen aparecer en el relato que hacemos del pasado. La invisibilidad de las mujeres en esos discursos y, en consecuencia, de los trabajos y experiencias que se les ha atribuido históricamente, tiene mucho que ver con ese conveniente olvido. El bucle: ellas no hacen trabajos importantes, esos trabajos los hace gente sin importancia, se ha mantenido sin ningún tipo de crítica desde los inicios de la arqueología como disciplina científica en el siglo XIX. Una arqueología que, durante mucho tiempo, ha ayudado a sustentar las desigualdades entre mujeres y hombres.
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