Madrid, España
A la directora de la Revista Prevención del Tabaquismo.
La prescripción enfermera tiene un largo recorrido a nivel internacional desde que se propuso por primera vez en Suecia en 1978. Sin embargo, en España, la prescripción de enfermería se ha caracterizado por un desarrollo más lento en comparación con otros países, debido a las continuas modificaciones legislativas. De hecho, hasta el año 2009, los médicos, veterinarios y odontólogos eran los únicos prescriptores reconocidos legalmente en España.
Finalmente, en 2009, con la Ley 28/2009 de 30 de diciembre, se abrió la puerta a la prescripción enfermera. Sin embargo, no fue hasta el año 2015 cuando se publicó el Real Decreto 954/2015 de 23 de octubre, que aprobó definitivamente el uso y la autorización de productos sanitarios y medicamentos por parte de enfermería en los casos donde ya existiera una prescripción médica previa, siempre dentro de las especificaciones que marquen cada Comunidad Autónoma. Este decreto posteriormente sufrió modificaciones a través del Real Decreto 1302/2018 de 22 de octubre.1,2,3,4 No fue hasta la publicación en el Boletín Oficial del Estado del jueves 4 de abril de 20245 cuando la Comisión Permanente de Farmacia del Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud elaboró y aprobó la «Guía para la indicación, uso y autorización de dispensación de medicamentos sujetos a prescripción médica por parte de las/los enfermeras/os: deshabituación tabáquica».
La aplicación de esta guía en la práctica asistencial debe suponer, además, la optimización de las competencias profesionales de las enfermeras/os y el desarrollo de actuaciones de valor consistentes en:
– Educar a la persona y/o al cuidador/a en el manejo del tratamiento farmacológico y de los cuidados asociados.
– Establecer estrategias para mejorar la adherencia terapéutica a la medicación a través del seguimiento, control del tratamiento y monitorización de los resultados en salud.
– Detectar e informar de efectos adversos relacionados con el tratamiento farmacológico.
– Realizar un seguimiento con el objetivo de prevenir la aparición de complicaciones asociadas al tratamiento y a la propia patología.
– Facilitar la accesibilidad para las actuaciones relacionadas con la medicación, evitando o reduciendo citas innecesarias o demoras para el inicio, prórroga, modificación o interrupción de tratamientos.
– Reducir la variabilidad en la práctica clínica, adecuando y actualizando esta guía y los protocolos que se deriven de la misma en base a las últimas evidencias disponibles.
– Maximizar la eficiencia y efectividad de la atención sanitaria y los tratamientos que se derivan de la misma.
Para el desarrollo de las actuaciones contempladas en la guía, tanto la enfermera/o responsable de cuidados generales como la enfermera/o responsable de cuidados especializados deberán ser titulares de la correspondiente acreditación emitida por el órgano competente de la CCAA respectiva.
La participación de las enfermeras en los procesos de deshabituación tabáquica no es algo nuevo, ya que es una labor que llevamos desarrollando muchos años. Ya existen consultas específicas de deshabituación tabáquica gestionadas por enfermeras, pero hasta ahora dependían de un médico para poder pautar medicamentos. Ahora, con la aprobación de la guía, la figura enfermera se posiciona como una ‘herramienta’ dentro de los planes antitabaco que puede liderar y sostener procesos de deshabituación en su totalidad.
La guía de indicación enfermera referente a la deshabituación tabáquica tiene como objetivo “orientar” las actuaciones de las enfermeras en el tratamiento de deshabituación desde el inicio hasta la interrupción de la terapia. El protocolo establece la actuación de estas profesionales durante todo el tratamiento y otorga competencias para que este se pueda prorrogar o modificar. Siempre que se cumplan los objetivos marcados, la enfermería podrá hacer el seguimiento de este tipo de tratamientos de manera autónoma.
La prescripción enfermera ha demostrado mejorar el cuidado de las personas que necesitan atención sanitaria, ampliar la relación entre los profesionales de la salud y una mayor efectividad en el uso de tiempo y recursos.
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