España se queda sin niños. En el año 2001, tendremos casi treinta y un millones de adultos y sólo siete millones y medio de menores de quince años. Los que algún día tendrán que hacerse cargo de este país geriátrico no lo van a tener nada fácil. El Gobierno socialista se muestra incapaz de detener esta sangría demográfica, al contrario de lo que está haciendo el resto de los gobiernos europeos, sin distinción de ideologías. Una política económica que ha sido especialmente regresiva en los apoyos fiscales a la familia y que ha encarecido el precio de la vivienda, así como las campañas sexuales del Ministerio de Asuntos Sociales, en detrimento de las de fomento de la natalidad, figuran entre las más importantes causas de que hayamos alcanzado la cota de ser el país del mundo con menor índice de natalidad.
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