Durante la primera mitad del siglo XVIII en España la ópera italiana se había consolidado como el género músico-teatral cortesano de moda, mientras que la tonadilla se imponía en las clases populares. A partir de 1760, y gracias al impulso de Ramón de la Cruz y de Antonio Rodríguez de Hita, la zarzuela coge vuelo propio, asumiendo características de forma y contenido que la acompañarán para siempre.
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