Se aborda aquí la cuestión siempre candente de si la Iglesia tiene derecho a participar en política y cómo puede hacerlo. Para clarificar la cuestión interesa conocer tanto reticencias laicistas como deformaciones fundamentalistas, pero, sobre todo, interesa saber cuál es la misión de la Iglesia y su relación con el conjunto de la sociedad, cómo están convocados a ella los fieles, los teólogos y los pastores, y en qué modos pueden realizarla. Tras un breve repaso histórico sobre la llamada “diarquía cristiana”, se presentarán los términos del enfoque que hizo el Concilio Vaticano II del tema, teniendo en cuenta, por un lado, la separación de la Iglesia y el mundo, a fin de que el pueblo de Dios participe profunda y activamente en lo político en defensa de la dignidad y la justicia.
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