En una tumultuosa rueda de prensa, Ramón Mendoza anunciaba, el pasado viernes, que no dimitiría de su cargo de presidente del Real Madrid, en contra de las previsiones que daban por segura su retirada antes del final de la temporada. Aunque las causas objetivas de la crisis siguen su curso, el triunfo copero del Real sobre el Atlético, abría nuevas expectativas a la afición y suavizaba las tensiones en la junta directiva. Mendoza señaló, con su cínica astucia de zorro plateado, que hasta el mes de mayo no fijaría la fecha de unas hipotéticas elecciones anticipadas a la presidencia, a las que, según él, no optará. La impresión es que estamos ante una muerte anunciada.
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