Como no era un apuesto galán, en sus comienzos parecía que no iba a pintar nada en el mundo del cine. Sin embargo, Antonio Ferrandis, cuando ya peinaba canas, entró en la gloria de los Oscar al Volver a empezar. Gracias a un Verano azul, al frente de una pandilla de chicos que paseaba sus aventuras por las pantallas de las televisiones españolas, se hizo personaje entrañable y enormemente popular.
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