Gustave Flaubert (1821-1880) anotó en su malogrado diccionario de lugares comunes "todo lo que hay que decir en sociedad para convertirse en una persona decente y amable". Y en un loro de repetición. Flaubert se burlaba de tanto lorito dotado de palabra vacía en vano. Todo sigue igual. Por eso hay que saludar con gozo las ideas nuevas y fundadas como las que se recogen en esta crónica
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