No es todavía la paz. Se divisa un camino plagado de dificultades e incluso de imposibles legales. Pero hay que saludar con esperanza todo esto: una ETA que por primera vez somete su voluntad a los partidos; unos nacionalistas empeñados en que el alto el fuego no termine en nueva decepción; un Gobierno que cambia rápidamente su mensaje y arrincona el miedo a la trampa; y un Aznar que promete ser flexible
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