El Gobierno socialista está dispuesto a enfrentarse a los sindicatos como no lo había hecho hasta ahora. Han sido necesarios más de tres millones y medio de parados y la recesión más prolongada de la moderna historia económica de España, para que Felipe González reanude una batalla que dejó en suspenso hace cinco años, tras el éxito de la primera huelga general. Ahora, en lo que constituye una nueva rectificación de la política que el PSOE aplicó cuando llegó al poder, la reforma laboral busca reducir el poder de las burocracias sindicales. UGT y Comisiones han respondido con una nueva convocatoria de huelga, pero en sus filas hay un número creciente de dirigentes que admiten la necesidad de un cambio de rumbo, más acorde con la realidad económica.
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