En esta Italia de los Noventa, que se empeña en romper moldes y en poner al desnudo la corrupción política, atacando sin piedad a su vieja partitocracia, se ha visto crecer el fenómeno de la Liga Norte, movimiento de protesta contra las ideologías y los partidos, fundado por el senador Umberto Bossi, personaje más bien extravagante, con un programa político confuso, con afanes separatistas y federalistas que, al socaire del centralismo corrupto del Estado, está abriendo una brecha en la conciencia de muchos electores. Al cabo de una serie de vaivenes programáticos y de actitudes provocativas que reflejan la inconsistencia ideológica del movimiento, Bossi ha lanzado un ultimátum al presidente de la República, Oscar Luigi Scálfaro, al jefe del Gobierno, Carlo Azeglio Ciampi, y a todo el país.
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