El aterrizaje de Roberto Dorado en la presidencia de Mercasa, de Pedro Pérez en la de Tabacalera o de Jaime Gaiteiro en la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre, ha puesto en evidencia la secular tradición del Gobierno de agradecer los servicios prestados con la bicoca de un retiro de oro en la empresa pública. Felipe González, a través de Narcís Serra, ha repartido, como sus más viejos predecesores en el Gobierno, unas cuantas prebendas. Y en algunos casos, se ha mostrado generoso. Tanto Julián García Valverde en su dorado exilio de consejero comercial en Londres, como -más aún- Claudio Aranzadi en su también dorado exilio parisino de la OCDE, han encontrado un bien remunerado acomodo a su condición de ex ministros.
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