Una de las asignaturas pendientes de la democracia española tiene un nombre que apenas era utilizado hasta hace pocos años: los tránsfugas. Al comienzo, eran parlamentarios o concejales que se cambiaban de partido sin dejar su escaño, pero con el paso del tiempo docenas de ayuntamientos y algunas comunidades autónomas han sufrido un cambio de gobierno que no se debía a la voluntad de los ciudadanos, sino a la traición de unos representantes políticos con su electorado. Personajes como el gallego José Luis Barreiro, el madrileño Nicolás Piñeiro o el aragonés Emilio Gomáriz, todos los cuales ejercieron un voto decisivo, adquirieron la triste fama de quienes mercadean con la confianza que los electores habían depositado en ellos.
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