Este profesor de setenta años duerme mal, como tanta gente, y de noche escucha la radio para combatir el insomnio. Madrugador, lee con curiosidad los periódicos antes de iniciar su intensa jornada laboral. Lo malo, para los periodistas -aunque resulte bueno para el país-, es que se trata del director de la Real Academia Española de la Lengua y, una vez a la semana, lanza su denuncia y su lección bienhumoradas sobre las pifias que descubre. O sea que me acerco a don Fernando Lázaro Carreter (Zaragoza, 1923), escritor, catedrático de Lengua y Literatura, experto en los clásicos españoles, profesor de varias generaciones de estudiosos, padre de un hijo catedrático de Universidad, de una hija profesora de Instituto y de otra, médico, y director desde hace dos años de la Academia, me acerco, repito, con gratitud, como el plumilla que va a aprender, pero con cierta angustia...
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