Durante siglos, el Vaticano ha proyectado un aura de enorme riqueza, casi ostentosa, que correspondía a una de las grandes instituciones del mundo. Desde los inmensos espacios de la Basílica de San Pedro hasta los tesoros artísticos, de precio incalculable, la sede romana del catolicismo constituye un símbolo de incomparable grandeza. En un mundo cada vez más materialista, el Vaticano evoca una autoridad moral que no sólo sienten los 840 millones de creyentes, muchos de ellos en países hindúes, musulmanes y comunistas, sino que también se extiende a los que no son católicos. Sin embargo, esta venerable institución, con una burocracia cada vez más pesada y una imagen dañada por los escándalos, está escasa de dinero. El Papa Juan Pablo II está presionando a sus cardenales para que encuentren una solución.
© 2001-2026 Fundación Dialnet · Todos los derechos reservados