Aunque la primavera de 1988 no se presenta tan cargada de actos reivindicativos como la del año pasado (recuerden al cojo Manteca frente al Ministerio de Educación o las huelgas en los servicios públicos), peligran de nuevo las vacaciones de Semana Santa, si se llevan a cabo las presiones laborales que ya preparan los sindicatos mayoritarios.
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