Joseph Ratzinger pronunció una conferencia en la Universidad de Navarra, el 31 de enero de 1998, en que abordó, desde una perspectiva nueva e inquietante, la pregunta sobre la condición de la ciencia teológica. Sostuvo que tanto la razón especulativa como el decurso histórico constituyen momentos interiores y necesarios del quehacer teológico. De este modo salía al paso de los puntos de vista de Adolf von Harnack. Advertía, sin embargo, el riesgo de que tanto una como otra pudiesen asolar la Palabra y, con ello, la teología. Apelaba, como garantía de seguridad, a la especial asistencia del Espíritu Santo a su Iglesia, porque también la autoridad eclesiástica podía errar en su labor y podía manifestarse arbitrariamente.
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