Cuando TVE perdió el monopolio televisivo, todos confiábamos en que la lucha por la audiencia significara una lucha por la calidad. Cuatro años después, el panorama resulta desalentador: de la imaginación a la vulgaridad, del humor inteligente al chiste burdo, de la insinuación a la exhibición gratuita de sexo y violencia, públicas y privadas se han lanzado a una competición en la que impera el "todo vale". El código deontológico firmado hace unos meses por todas las televisiones para proteger al menor se ha quedado en papel mojado y las propuestas de las distintas cadenas para esta temporada siguen recurriendo a la chabacanería comercial. Frente a todo esto, algunos profesionales han apostado por dar marcha atrás y empezar ellos mismos predicando con el ejemplo. El caso de Chicho Ibáñez Serrador es el más llamativo: el creador de "Un, dos, tres" no vacila en usar el calificativo de "telebasura" para definir la televisión, lanza un "¡basta ya!" y asegura que está "empezando a sentir pudor de trabajar en el medio".
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