Es evidente el cansancio irritado que abruma a los españoles al contemplar dos cosas. La primera, que la recesión golpea con fuerza notable a la puerta de sus hogares, justo en el momento en que el Estado del Bienestar hace mutis por el foro. La segunda, que sus dirigentes no le explican lo que ha ocurrido para convertir las tiernas cañas de torneos y justas de alegría de la última mitad de los años ochenta en duras lanzas de guerra, que le desgarran, de modo dolorosísimo, sus niveles de consumo y, sobre todo, sus expectativas de progreso...
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