Fabiola, después de treinta y tres años de perfecta armonía, de lineal y compenetrada vida con Balduino, se ha quedado viuda. Triste, pero animosa, emprende ahora la tarea de sobrevivir, dispuesta a continuar sin desmayo la obra que empezó junto a su marido. Recatada y perseverante, callada y, al parecer, llena de fe, Fabiola, antes de regresar a Bruselas, se ha detenido unos días en Motril, para recogerse antes de su segunda salida al mundo, esta vez, sola.
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