El artículo propone establecer una nueva mirada al trabajo social, partiendo del hecho de que el profesional en esta área también es emprendedor. Establece un paralelo entre las fases de intervención desde la profesión/disciplina y el espíritu empresarial, partiendo de unas grandes similitudes y ciertas diferencias. Estas fases son: estudio, diagnóstico, evaluación, plan de acción y seguimiento. En cada una de ellas se plasma tanto el quehacer del trabajador social como del empresario; por último, se concluye de manera asertiva y concreta, recogiendo lo desarrollado.
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