Al término de la pandemia por la COVID 19, las familias en el altiplano peruano, específicamente en la localidad Laraqueri perteneciente a la provincia de Puno, tenían la esperanza de empezar de nuevo, algunas sin un integrante en la familia, otras con secuelas de la enfermedad, todos en un nuevo despertar en sus comunidades altoandinas dedicados a la artesanía, pastoreo de alpacas, llamas y ovejas; por otro lado el cultivo de quinua, cañihua, papa y otros productos han permitido a las familias mitigar el impacto de la crisis económica y política del Perú. El presente trabajo de investigación está basado en la historia de vida y entrevistas, incluye fotografías inéditas de mi persona las mismas que reflejan las vivencias de las comunidades Aymaras. Ante la crisis política, el déficit hídrico y la inflación los ingresos económicos de las familias no cubrían los gastos de la canasta familiar, los productos del altiplano mantenían sus precios, sin embargo, las frutas y verduras provenientes de otras regiones aumentaron su precio, este hecho preocupaba ya que la sequía latente desde 2022 a limitado las actividades de la agricultura familiar, algunas familias decidieron no preparar la tierra y otras iniciaron a la campaña agrícola 2023.
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