Valencia, España
Con Extraña forma de vida (2023), Pedro Almodóvar incursiona por primera vez en la tradición cinematográfica del wéstern, una tradición que sigue una estricta distribución espacial que, a su vez, impone una forma de habitar sus paisajes y localizaciones, en el ordenamiento de los cuerpos, del género y del deseo que despliega. El mediometraje dialoga también con Brokeback Mountain (Ang Lee, 2005) y retoma la historia de amor de los vaqueros protagonistas, que se reencuentran tras veinticinco años de no verse y vuelven a plantearse la posibilidad de vivir juntos compartiendo un rancho. A partir de estas dos premisas, este artículo describe cómo Almodóvar actualiza las convenciones de espacio y género del wéstern, y cómo recrea el deseo homoerótico que Ang Lee puso en escena. Ambas películas parten de la representación de ese deseo a partir del secreto y el encierro en el armario, aunque difieren en su manera de visibilizarlo y enunciarlo cinematográficamente.
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