De algún modo, la marcha de la Bolsa en España se convirtió, en octubre de 1987, en indicativo de un cuarto mal de nuestra economía. Los otros tres, que habían aparecido a lo largo de 1987, son bien conocidos. El primero, el déficit del sector público, y todo lo que en torno a él no podía por menos de generarse para no provocar intolerables tensiones inflacionistas.
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