Estados Unidos necesita concebir a los organismos internacionales no como un medio para transformar la naturaleza esencial de sus rivales, sino como espacios que pueden convertirse en foros privilegiados para comunicar preferencias, resolver disputas y establecer límites claros. Eso debería mantener a raya a los revisionistas, y no la idea de cambiar a China y a Rusia, o de retirarse de las organizaciones.
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