Ante el carácter global de buena parte de las cuestiones que afectan a la seguridad en el contexto de la globalización, la sociedad internacional se ha visto en la necesidad de buscar soluciones de gobernanza global. La construcción de normas globales se lleva a cabo en un entorno marcado por dos procesos de signo opuesto: el avance del cosmopolitismo blando y el retorno de la geopolítica, subproducto del fenómeno más general del resurgir del modelo westfaliano. El estudio analiza en un ámbito concreto, el de la ciberseguridad, cómo estos dos procesos contrapuestos influyen y determinan la construcción de normas globales. Se observa que en este ámbito, el cosmopolitismo blando, Wordfalia, no se ha impuesto a Westphalia. Los intentos de crear una cultura mundial del ciberespacio no han funcionado. Aunque el ciberespacio es un espacio plural y los actores privados participen cada vez más activamente en los procesos regulatorios, estos están controlados por las autoridades estatales ya sean en su formato de regulación nacional, bilateral, regional o multilateral. La concepción de la seguridad en clave tradicional, nacional y no global, es el argumento que lo justifica. La regulación fragmentada, traducida en acuerdos bilaterales y regionales, se ha impuesto de momento a la regulación global.
Given the global nature of many of the issues affecting security in the context of globalisation, international society has found it necessary to seek global governance solutions. The construction of global norms takes place in an environment marked by two processes of oppsite sign: the advance of soft cosmopolitanism and the return of geopolitics, a by-product of the more general phenomenon of the resurgence of the Westphalian model. The study analyzes in a specific field, that of cybersecurity, how these two opposing processes influence and determine the construction of global norms. It is observed that in this field, the soft cosmopolitanism Wordfalia has not imposed itself on Westphalia. Attempts to create a global culture of cyberspace have not worked. Although cyberspace is a plurar space and private actors increasingly participate actively in regulatory processes, these are controlled by state authorities whether in their national, bilateral, regional or multilateral regulatory format. The conception of security in the traditional, national and not global key is the argument that justifies it. Fragmented regulation, translated into bilateral and regional agreements, has so far imposed itself on global regulation
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